domingo, 4 de noviembre de 2012

Inclusión, educación, educación inclusiva y discapacidad: rol del docente para eliminar las barreras al aprendizaje de niños y niñas con discapacidad


Inclusión, educación, educación inclusiva y discapacidad: rol del docente para eliminar las barreras al aprendizaje de niños y niñas con discapacidad

Prof. Carlos Enríquez Román

La motivación planteada por la Red ProCalidad acerca de la relación existente entre los conceptos de inclusión y educación nos ha llevado a enfocar la atención en nuestra propia problemática ayudándonos a comprender con mayor amplitud la naturaleza conceptual de la expresión educación inclusiva desde diversas posiciones de promoción de la igualdad y equidad. Así, la UNESCO (1994) menciona que esta implica desarrollar escuelas que acojan a todos los alumnos y alumnas, cualesquiera sean sus características, desventajas y dificultades.
Del mismo modo, el Ministerio de Educación (2006) considera que “La Educación Inclusiva es un proceso dinámico, abierto y flexible, que reconoce y valora la diversidad en los niños y niñas sin ningún tipo de distinción. Permite que una escuela responda a todos los alumnos y alumnas como personas, reconsiderando su organización y su propuesta curricular”.
En este sentido, haciendo eco de la posición conceptual del proyecto “Eliminando barreras para el aprendizaje y la participación de niños y niñas con discapacidad en escuelas públicas de Huancavelica y Lima” que considera que “El Principio Rector de la Educación Inclusiva es que las escuelas deben acoger a todos los niños y niñas sin discriminación de sus condiciones sociales, físicas, étnicas, culturales, emocionales, económicas, incluyendo la discapacidad, condición de VIH o TBC”, identificamos que la concepción de inclusión en las escuelas supera no sólo la cuestión física o intelectual, como piensa la mayoría de la sociedad -y, cómo no, la mayoría de los docentes- sino también, y sobre todo, la cuestión social, económica y cultural.
En cuanto a la situación de la presencia de niños(as) con discapacidad en el aula es importante seguir la coherencia entre nuestros conceptos al respecto y las acciones consecuentes. Considerando, según la OMS (1980) que la persona con discapacidad es “(…) aquella que tiene una o más deficiencias evidenciadas con la pérdida significativa de alguna o algunas de sus funciones físicas, mentales o sensoriales, que impliquen la disminución o ausencia de la capacidad de realizar una actividad dentro de formas o márgenes considerados normales, limitándola en el desempeño de un rol, función o ejercicio de actividades y oportunidades para participar equitativamente dentro de la sociedad”, es posible entonces tener una versión del concepto más madura y compleja, pero de ninguna manera ajena.
De acuerdo a la cita precedente, debemos resaltar que el concepto de persona con discapacidad evoluciona ya que verdaderamente la discapacidad es el resultado de la relación y/o interacción entre las personas con dificultades y las barreras que responden a la actitud (prejuicio y discriminación, en la mayoría de los casos) y al entorno que no permiten que ellas participen con plenitud en la sociedad en un marco de igualdad de condiciones. O sea, la discapacidad no es la condición en sí de la persona sino la situación resultante de una sociedad prejuiciosa que no le permite desarrollarse como una persona “normal”.
Como bien menciona Grados (2012) “El medio, cargado de prejuicios, discapacita a las personas”. No olvidemos que, según el Diseño Curricular Nacional de la Educación Básica Regular  -DCN 2009 de la EBR- considera enfrentar, desde la acción educativa, tres conflictos éticos claramente definidos en nuestra sociedad: la discriminación, la violencia y la corrupción.

Para el caso de la posición del docente frente a la discapacidad tenemos frente a nuestra mirada una realidad preocupante. Cuando se habla que él desconoce los lineamientos normativos, las estrategias y uso de metodologías en educación inclusiva, desconfía de sus alumnos en la ejecución de evaluaciones pedagógicas y desconfía de las posibilidades de ellos hasta segregarlos, no se compromete con el desarrollo de un currículo diversificado y adaptado, se siente inexperto en el trabajo colaborativo y sus alcances, etc. (actitudes inciden en el desarrollo del proceso de enseñanza y aprendizaje) llegamos a descubrir una cara oculta en el ámbito educativo: la dispedagogía como un factor importante de riesgo para una educación de calidad y equidad en el marco de la educación inclusiva (Objetivos estratégicos 1 y 2 del PEN al 2021).
Precisamente, al percibir la presencia fáctica de este riesgo y otras barreras limitantes al ejercicio pleno de los derechos (y deberes) de las personas con discapacidad, proponemos los siguientes desempeños a realizar en nuestra labor desde el aula (que intentan confrontar esta realidad), más aun tratándose de contar con niños(as) con discapacidad:
·         Replantearnos la actitud prejuiciosa por una propositiva. La actitud, en el mejor de los casos, es trascendente en el éxito de la educación inclusiva debido a que está estrechamente relacionada con la filosofía, los paradigmas humanistas y la didáctica transformadora que son reflejadas en la práctica educativa en el aula, en la institución educativa y en la comunidad.
·         Participar activamente en la elaboración o reelaboración de los proyectos educativos institucionales con carácter inclusivo contemplando la diversidad y el compromiso con el cambio. Es sustancia para la educación inclusiva un proyecto organizacional colectivo más no el trabajo de docentes aislados. Esto garantizará la participación responsable de la comunidad educativa en el aprendizaje y desarrollo de los niños y niñas.
·         Participar en el desarrollo de políticas públicas de respaldo a la educación inclusiva en los contextos institucional, local, regional y nacional con el fin de democratizar las transformaciones para la inclusión en general.
·         Incidir en la intervención temprana puesto que cuanto más inmediata es la acción, mejor será el impacto sobre el desarrollo paulatino del estudiante.
·         Incorporar la participación obligatoria de la familia en el desarrollo de los aprendizajes.
·         Promover la implementación de ambientes de aprendizaje inclusivos en todos sus ámbitos (físico, intelectual, social, económico, cultural) proponiendo métodos, estrategias, recursos, espacios y tiempos en función a las necesidades de los niños y niñas.
·         Promover el intercambio de experiencias positivas o exitosas como referencias o modelos a contextualizar, reproducir y ampliar.
·         Promover el desarrollo de la autoestima y autovaloración desde las edades tempranas mediante la ponderación de modelos adultos con o sin discapacidad a ser imitados.
·         Participar y promover la formación especializada mediante cursos de autogestión, alianzas con otras instituciones educativas y entidades relacionadas a la inclusión en general. Las redes son fundamentales para extender la filosofía de educación con calidad y equidad.
·         Participar y establecer en relaciones de colaboración interinstitucional.


BIBLIOGRAFÍA:

·         CNE (Consejo Nacional de Educación) Proyecto Educativo Nacional al 2021. Lima.
  • GRADOS, R. (2012). ¿Educación inclusiva o exclusiva? Lima.
  • MINISTERIO DE EDUCACIÓN (2006) Manual de Educación inclusiva. Lima.
  • OMS (Organización Mundial de la Salud (1980). Personas con discapacidad. S/l.
  • SEPEC (Servicio Ecunémico de Pastoral y Estudio de la Comunicación (2008). Eliminando barreras para el aprendizaje y la participación de niños y niñas con discapacidad en escuelas públicas de Huancavelica y Lima. Lima.
  • UNESCO (1994). Políticas regionales para la educación inclusiva. Santiago de Chile.